Con mi primita, este factor y el sentirse ataviada cual princesa, jugo a mi favor para conseguir que posara y me regalase esplendidas sonrisas.
La zona habilitada como plato era, obviamente, reducida. Esto, junto con la desbordante energía vital de mi peke-primo, es algo incompatible con tomarse cierto tiempo para medir lúz, ajustar flashes... misión imposible. Esto me obligo a improvisar, e ir a la caza y robo de retratos por la casa. Al final, tras mucho batallar con el, creo que consegui la foto que más me gusta de la sesión...
pero quizas no es la más adecuada para una "primera comunión".





No hay comentarios:
Publicar un comentario